Villa y Zapata formaron un ejército
constitucionalista, cuya función era derrotar a Huerta y devolver a México
la democracia. Tras meses de guerra los campesinos y el resto de
revolucionarios tomaron las principales ciudades de la nación mexicana,
obligando a Victoriano Huerta a dejar su puesto.
Esto fue causado por luchar denodadamente por los derechos de los pobres
en los estados del sur de México, y fue entonces cuando se alió con Pancho
Villa, otro de los líderes de la Revolución mexicana,
Luego, tras varios enfrentamientos
armados, protestas y desencuentros por la situación política, económica y
social por la que atravesaban los mexicanos, y al poner bajo control los
movimientos de Villa y Zapata, Carranza llamó a un congreso constituyente
y fue promulgada la Constitución de 1917, el día 5 de febrero.
Por un lado, lograron movilizar a
amplias masas populares y ganar apoyo popular en sus respectivas zonas de
influencia. Sus luchas armadas también llevaron a la implementación de reformas
agrarias y a la promulgación de la Constitución de 1917, que incluyó
importantes derechos laborales y sociales.
La fase armada también estuvo marcada
por la violencia y la inestabilidad. Hubo enfrentamientos con otros líderes
revolucionarios y con el gobierno central, lo que resultó en un alto costo
humano y material. Además, una vez que la fase armada terminó, surgieron
divisiones y conflictos internos entre los seguidores de Villa y Zapata, lo que
dificultó la consolidación de los cambios sociales y políticos que buscaban.
Finalmente la fase armada liderada por Villa y Zapata tuvo consecuencias mixtas. Si bien lograron avances en términos de justicia social y derechos, también hubo un alto costo en términos de violencia y desafíos posteriores.

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